Recuerdo perfectamente el momento en el que me entregaste la
carta, recuerdo el momento en que la leí…recuerdo mis lágrimas recorrer mi
cara.
No fuiste un mal padre, para mí eres el hombre de mi vida,
quizás nunca me haya dolido nada como perderte, ese fue el primer gran golpe de
mi vida después de mamá…se reunieron muchas circunstancias adversas papá y no
tuve otra salida que encerrarme en mi dolor.
No pude decirte adiós, no pude hablar contigo, todos pensaban
que saldrías adelante y no me dijeron nada para no hacerme sufrir…no pude estar
en tu funeral, no pude estar en tu entierro…y tuve que decirte adiós a miles de
kilómetros.
Pero tampoco hubiera podido soportar ese dolor, me hubiera
muerto de la pena.
Y me acongoja tan solo pensar que te fueses con una idea
equivocada, yo no necesitaba dinero papá y sé que te dolía el no poder regresar
a casa con las manos llenas para tus dos niñas, pero a veces solo es necesario
un abrazo, un beso, una presencia que no te
haga sentirte sola en un mundo tan lleno de maldad, contigo me sentía
segura, me sentía capaz de seguir caminando y simplemente esperaba tu regreso.
Tú no sabías mis motivos para querer salir huyendo y yo solo
quería ver tu cara, que me transmitieses esa serenidad, esa paz interior, esa
ternura. Yo solo quería tu protección, tu fuerza, tu mano para caminar debajo
de la lluvia.
Y entendía que rehicieses tu vida con otra persona que te
hizo feliz, entendía tu dolor por la pérdida de mi madre, entendía que a veces
hay que salir con una sonrisa aunque por dentro se nos esté partiendo el alma.
Pero yo era la pequeña, era la que siempre estaba en casa y
todos entraban y salían, era yo la que lloraba cuando nadie estaba, era a mi a
la que le paralizaba el miedo…pero me crié con la mujer más maravillosa de este
mundo, con mi abuela, que me enseñó a defenderme, a ser fuerte, a aparentar
dureza y a seguir adelante.
Y así he vivido diez años más…sin tu ausencia, con ese dolor
que aguarda en mi pecho, con esas ganas de volver atrás contestar esa carta y
decirte que TE QUIERO, que eres, fuiste y serás el hombre de mi vida, que no
hablo de ti porque tu nombre me llenan los ojos de lágrimas, porque la pérdida
de un padre o una madre no se supera, aprendemos a vivir con ello, pero no se
supera, es un vacío, un vacío que nadie llena, como cuando te clavas una espina
y la extraes…sabes que ya no hay nada pero recuerdas la sensación de haberla
tenido dentro.
Siento no haber respondido a aquella carta…me tiré todo el
viaje llorando papá, se me achinaron más los ojos inclusive, yo solo pedí unos
años para cambiar la situación, para salir adelante…pero como siempre caminamos
tras el destino.
Me hubiera gustado cuidarte de viejito mi güero, pero no fue
posible, hubiese preferido que me curaras las heridas del amor o que me
quitaras los miedos tontos que a veces me entran…eso es lo normal. Pero nací al
revés…un mundo singular el mío. No he vivido de la misma manera que una mujer
de mi edad, porque mi vida no ha sido tan normal, pero hay que tirar hacia
delante con lo que te echen…o al menos así me he acostumbrado a ver la vida,
siempre habrá un golpe que te hunda pero hay que salir a flote…pero te he
tenido presente en los momentos más bonitos de mi vida, te tengo presente en mi
día a día…con la firme esperanza de conseguir todo aquellos que un día nos
propusimos…con la firme convicción de que seremos felices sin recordar el peso
de la carga que un día nos tocó aguantar.
Y a lo mejor me tiro año tras año
recordando las pérdidas que por desgracia han azotado mi vida, no por placer,
ni porque te digan lo siento, ni porque me guste el rol victimista, sino porque
formáis parte de mi y como os llevo en mi corazón y para desgracia mía no puedo
contar con vuestra presencia en este mundo cruel.
Por suerte tienes contigo en algún infinito universo la
mejor compañía…la que me falta a mi…
¡TE QUIERO PAPÁ!

No hay comentarios:
Publicar un comentario