jueves, 25 de abril de 2013

Un te quiero, un hasta luego y un porqué...

¿Cuántas cosas perdemos por el miedo a no decir? ¿Cuántos sentimientos callamos por no ser rechazados? ¿Por qué preferimos el adiós, el olvido o incluso preferimos ignorar a aquello que más queremos por puro miedo? ¿Por qué no nos cuesta expresar que nos sentimos felices y nos cuesta el hablar acerca del amor?

Parece inexplicable. Lo cierto es que a veces el miedo nos lleva a cometer estupideces y esas estupideces derivan en problemas de distinta índole. ¿Problemas? Sí, problemas porque en vez de gritar a los cuatro vientos que queremos a un persona damos a entender que la queremos. Y dar a entender NO es decir.

La verdad es que casi que prefiero callarme, no por cobardía porque a veces el silencio también habla, dicta y sentencia. Y aunque no sea el mejor camino creedme que es mejor permanecer callado y parecer tonto que abrir la boca y despejar la duda.

Siempre he criticado a los que cometen locuras en nombre del amor (a ver criticar...lo ves desde la distancia y piensas: ¡Dios mio líbrame de comportarme así algún día!) porque cuando piensas que tú corazón está con las puertas, el cerrojo y la alarma echada todo parece más fácil. Pero aún así sigo pensado que el amor no necesita demostraciones del estilo Romeo y Julieta...pero sí necesita pequeños empujones que conduzcan a luchar por la persona que quieres.

Deja las puertas abiertas...si algo tiene que venir vendrá. Sino deja las puertas abiertas a la amistad y espera que llegue el momento de reflexión...


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